Los Flying Congrios

Publicación de relatos y poemas

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Lugar: Cádiz, Andalucía/Cádiz, Spain

Pescador de Congríos nacido en la antigua Mileto en el año 2000 de la era de John Lennon.

miércoles, 11 de marzo de 2009

EL NIÑO DE LA CARRACA











En un pueblo de montaña, en la ladera de un valle, transcurrió hace varias décadas una historia que aún cuentan los ancianos del lugar. Todo empezó en un patio de vecinos.
.,Era un día de primavera. El centro del patio estaba al descubierto y daba algo el sol. Lo rodeaban unos pasillos techados. Arcos con columnas sostenían los techos de tejas. Eran las 4 de la tarde, una tarde de verano. Bajo los techos, 4 o 5 mujeres jugaban al bingo. A unos metros, 5 o 6 hombres bebían vino en una mesa. Reían y hablaban. Apuraban sus vasos y volvían a rellenarlos con el líquido morado que llenaba una botella de vidrio verde. Un niño moreno peinado impecablemente con la raya al lado daba vueltas por el patio. Llevaba en su mano izquierda una carraca. La giraba sin parar.

. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj....

. Paraba unos instantes. Después seguía.


. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….

. -¡Niño, calla ya! –chilló un hombre de unos 55 años largos con una gorra de marino. Tenía el pelo gris y la cara cuarteada.
. -¡Hay que ver qué pesadito es este niño, a ver si se calla ya! –dijo una mujer joven que jugaba al bingo.

. -¡Sí, estate quieto ya, niño! –dijo una mujer que hacía calceta junto a la ventana de su casa. Era mayor. Llevaba un vestido negro y tenía el pelo recogido en una pequeña cola gris oscuro.
. -El zagal este me está volviendo loco –dijo un tipo con el marcado acento de la serranía.
. El niño seguía.
. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….

. Paró y miró a sus vecinos. Alzó la cabeza y su gesto no expresaba nada. Después siguió girando la carraca.

. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….

. Paró unos segundos. Volvió a andar dándole vueltas a su instrumento.

. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….

. Eran las 5 de la tarde. El niño seguía en ese plan.
. Los minutos fueron pasando, poco a poco. Finalmente llegó la hora de merendar.
. Todos los vecinos del patio estaban ya muy cansados del ruido que hacía el niño. Algunos de los hombres ya estaban bastante borrachos. Dos de las mujeres también estaban empezando a notar ya el efecto de las dos copas de anís que se habían metido en el cuerpo.

. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….
. -Yo estoy hasta los huevos de este niño –dijo el tipo de la gorra–. Si sus padres no se lo llevan nosotros tendremos que hacer algo.
. -¡Niño, callateeeeeeee! –gritó un hombre grande de cuarenta y tantos años. Era alto y con la cabeza cuadrada. Tenía el pelo marrón claro. Del color del chocolate con leche.
. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….

. El chico seguía parando unos segundos pero no tardaba en reanudar sus carreras girando la carraca como un loco.

. -Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….
. -Cómo me duele la cabeza –dijo una mujer morena. Era muy lozana y tenía un pañuelo blanco en el pelo.
. -Ya está –dijo otra de las mujeres–, le daremos unos pastelitos y una valeriana y así se quedará más tranquilo.
. -Bueno, por si acaso ponle también un poquito de estos tranquilizantes en los pasteles. No son muy fuertes, pero para un niño valdrán. Seguro que así se pone a descansar y nos deja tranquilos un rato –dijo la mujer morena.

. Metieron los pasteles en una habitación junto al patio. Eran siete u ocho. Los pusieron en una mesa con una sillita al lado. También le pusieron un vasito de leche y una taza con una infusión de valeriana. Le pusieron mucho azúcar. Llamaron al niño.

. -¡Chiquillo, ven aquí al cuarto a tomarte unos pastelitos! ¡Que es la hora de merendar! ¡Tómate dos o tres, aquí tienes leche! ¡Y bébete esta tacita de infusión, que está muy buena! –le dijeron las mujeres.
. -¡Eso, niño, y dejas un ratito tranquilo el cacharro! –le dijo el hombre grande.
. El chico se metió en el cuarto. Dejó la carraca en la mesa y se sentó. Cogió un pastel y los adultos se fueron para el patio. Siguieron cada uno en lo suyo.
. Al rato, el tipo grande dijo:

. -Qué tranquilo se está sin el niño, eh.
. -Sí, sí, se habrá comido los pasteles y se habrá quedado allí sentado o se habrá ido a su casa –dijo la lozana morena.
. -Bueno, voy a recoger las cosas del cuarto –dijo la mujer mayor.

. Entró en el cuarto.

¡¡¡¡¡¡AAAAHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!! –se escuchó.

. Los demás corrieron hacia la habitación y vieron al niño tendido en el suelo. La vieja estaba con los ojos medio cerrados y la mano en la cara. Estaba apoyada en la pared y parecía que se iba a desmayar.

. -¡Anda, se ha comido todos los pasteles! –dijo la lozana morena.
. -Qué niño más glotón –dijo de forma insensible el tipo grande de pelo marrón.
. -Voy a tomarle el pulso –dijo el hombre de pelo gris y cara cuarteada. Se agachó y le cogió la muñeca.
. -No respira –dijo poco después.
. -¡¡¿Qué hemos hecho?!! –gritó asustada la mujer lozana–. ¡¡Quién nos iba a decir a nosotros que el niño se iba a comer todos los pasteles!!
. -Bueno, habrá que avisar a su familia y a las autoridades. Pero que nadie mencione nada de esto nunca, ¿escucháis? –dijo con frialdad el tipo grande.

. Con esto se refería al envenenamiento accidental del chico. Los otros lo sabían.
. Todos le miraron asintiendo cabizbajos.
. Días después fue el entierro. En el cementerio del pueblo había un gran luto. Al fondo, algunos vecinos cuchicheaban. Los implicados en la muerte se dirigían miradas que lo decían todo, que lo callaban todo. Sólo la joven lozana parecía algo más nerviosa.
. El sepelio terminó y pasaron los días.
. La vida ya no volvió a ser igual para los verdugos del Niño de la Carraca. La mujer mayor no logró reponerse del desmayo. La impresión que le produjo ver al crío sin sentido le provocó una crisis de la que no se recuperó.
. El patio donde anteriormente había vivido y jugado el niño se fue quedando vacío poco a poco. Los implicados en la muerte del niño nunca dejaron de escucharlo. Todos tuvieron mala estrella desde ese momento.
. Un día que el tipo grande de pelo marrón conducía su tractor por las afueras del pueblo escuchó algo a su espalda. Al principio era un murmullo, pero se fue convirtiendo en una voz de niño fuerte e insistente acompañada del sonido de una carraca. Se giró hacia atrás para ver y milésimas de segundo después estaba cayendo barranco abajo a causa del despiste. No sobrevivió a aquello. Tampoco nadie le echaría de menos. Era un mal tipo.
. El otro hombre, el del pelo gris, abandonó el pueblo porque no podía vivir tranquilo, le atormentaba el recuerdo del niño. Escuchaba el sonido de la carraca día y noche y no podía dormir. Terminó vagando por las calles de una ciudad lejana. Convertido en un mendigo.
. La lozana morena siguió viviendo en el patio unos meses. Escuchaba a todas horas el sonido de la carraca, no se lo podía quitar de encima. Tras un tiempo en esta situación terminó enloqueciendo, no pudo aguantar más y la llevaron a un manicomio. Mientras se la llevaban oía: «Crjjjj, crajjjjj, carrrrr, crrrjjjj….»
.
. -¡¡Nooooooooo!! –gritó con la camisa de fuerza ya puesta y agarrada por dos loqueros.
.
. Hoy en día, el patio donde ocurrió aquella tragedia está abandonado. En el pueblo se dice que todavía se escucha una carraca sonando en las noches de invierno.




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