Los Flying Congrios

Publicación de relatos y poemas

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Lugar: Cádiz, Andalucía/Cádiz, Spain

Pescador de Congríos nacido en la antigua Mileto en el año 2000 de la era de John Lennon.

viernes, 22 de octubre de 2010

EL ÚLTIMO EN LA MARATÓN (2/2)

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....Llegamos con los borrachos locos y me dan un par de cervezas que no tardan en caer y remato la faena con una botella de moscatel que la dulce L tenía guardada en el bolso y que me echo al gaznate en el tiempo que dura una canción de Los Beatles. Una noche más me emborraché demasiado, perdí el control y cuando me encontré por ahí a T y algunos compañeros y alumnos de la academia de L estaba en mi peor momento, empecé a partir retrovisores de coches a patadas, T me tenía miedo y me huía porque le había mordido el día anterior, no le culpo por ello. Después de esas borracheras siempre me encontraba mal, algo tiene que cambiar, me decía a mí mismo y le decía a la dulce L, y más cuando me enteré de que a G le dieron una patada en la cara dos bandarras que iban a pecho descubierto porque les pidió un cigarro, L(varón) me contó que cuando volvía hacia casa con su chica lo encontró con tres coches de policía y estaba cabreado con ellos porque no le prestaban la atención necesaria y los policías le dijeron que tranquilizara a su amigo o se lo iban a tener que llevar. V me decía que era por eso, pero antes ya había dicho y pensado que esas actividades nuestras no llevaban a ningún lado, algo tenía que cambiar, teníamos que abandonar nuestros hábitos. Pero la vida sigue, eso es así aquí y en Pekín y, a la vez que se nos escapaba la razón y nuestras ideas eran cada vez menos ideas y más masas informes de caos, libertinaje, deseo y destrucción, se acercaron unos yonquis que empezaron a cantarnos para que les diésemos tabaco, tabaco que no les llegamos a dar.
....Y pasó que V, que cuando bebía no controlaba –ninguno lo hacíamos pero él perdía los papeles especialmente–, se puso a insultar a un tipo que le pegaba cuando estaban en la escuela, en la primaria, «¡ten cojones ahora, pendejo!», le decía, «¡atrévete ahora, comemierda!», y el otro lo ignoraba pero él insistía y, de todos modos, aunque no respondió a la provocación se acercó chillándole a agredirle y ya el increpado se tuvo que poner en guardia y se envalentonó un poco, V le pegó un puñetazo y el otro le dio un empujón y mi amigo cayó al suelo pero, con rapidez, cogió una botella y la partió y usando el cuello como cuchillo rajó a su enemigo en la pierna y el abdomen cayendo este de inmediato ingresado en el hospital y él preso por el brillante planteamiento del fiscal, que consiguió que lo condenaran por intento de homicidio por mucho que él alegara que de ser un animal el espécimen al que había agredido sería a lo sumo una cucaracha grande. Y yo, que había presenciado el incidente bebiendo una gran cantidad de ginebra con una leve cantidad de refresco en un cubo, jaleaba y chillaba.
....No tardé en apurar la bebida y agenciarme otra cerveza que no tardé en terminar y coger una botella de anís por la mitad que estaba bajo un banco. Después me tumbé allí a descansar. La noche pasaba y pasaba y la borrachera –me llevé un buen rato sin beber– se me pasaba también, mejor dicho, se atenuaba, no puede ser, no puede ser, esto no puede ser, me repetía a medida que iba recuperando la conciencia sin dejar de ser un maníaco.
....Todos se fueron yendo y me fui quedando solo, la dulce L decía «estás muy morao» y me vigilaba, igual que L(varón). «Déjame en paz», le dije, «si tú quieres me lo dices y me voy», «Vete», le contesté y se fue (ya estaba sólo ante el peligro) y llegó un hombre que se enrolló conmigo al calor de la combustión de los cigarros en nuestro interior y el licor en nuestras gargantas. «Pues yo soy batería, y también toco en una orquesta la trompeta y la gaita», me respondió cuando le comenté que buscábamos un baterista. «Yo voy a la Casa Yoga a ponerme en forma, antes estaba enganchado, pero ahora ya sólo consumo 5 miligramos de metadona, nada, antes consumía 50, ya estoy casi bien», me soltó al preguntarle cómo lo podía localizar. «Nosotros tocamos cosas sencillitas pero con melodías guapas, aunque usamos mucha distorsión». «Rollo Leño, Obús, ¿no? », «lo nuestro es otro rollo, es contundente pero no es igual». «A mí me gusta mucho Mago de Oz, podíamos meter gaitas, o trompetas, ¿os gusta?». «Estamos abiertos a todo lo que suene bien». Charlábamos y charlábamos sin parar, él, que lucía una melena gitana, parecía un buen hombre, tenía historias interesantes para contar aunque ciertos detalles los repetía demasiado, me debió decir que iba a hacer saco y lo de la metadona unas 40 o 50 veces. Como mínimo.
....En eso que aparece un hombre algo mayor que yo pero aún joven, debe tener la misma edad que mi nuevo amigo músico pero no se le ve tan maltratado por la vida, éste tiene la piel blanca y un cutis que no está ajado por el sol, el alcohol, la droga y el tabaco. Este señor va bien vestido y empieza a decir que no le importa el dinero, que es rico, «mira esta pulsera, la he comprado hoy», «pues si no te importa el dinero la podrías tirar al suelo», contesté. Tras dudarlo un poco lo hace y la cojo, «no, pero eso es mío», dice, «no, lo has tirado». «Sí, vale, me da igual, voy a tirar también este bolsito» y echa un pequeño bolso de cuero a una papelera y se va haciendo aspavientos y, al marcharse, yo me acerco y lo cojo también. Tiene una buena suma de dinero, no demasiado pero más del que la gente suele tirar. Viendo que el músico metadónico, al que por cierto ya le veo cara de guisante extraterrestre, puede pedir repartir el botín, me marcho diciendo anga anga y bebiendo a grandes sorbos una botella de vino que encuentro en el suelo. «Quillo, quillo…» me llama el cara de guisante, al que ya no hago ni caso, y sigo andando, «…¿cuándo vamos a quedar?». Aparezco en una parada de autobús y me encuentro a un cuate lagartijo que estuvo conmigo en el instituto y le enseño lo que había tirado “el rico”, «de Riccardo Goti, las pulseras esas no valen ninguna menos de 500 $», me informa y sigo hacia mi casa desplazándome como una serpiente (haciendo eses y reptando) y me encuentro bien, borracho en extremo pero bien. Ya cuando llego veo que es una ilusión y me meto en la cama y todo da vueltas, al andar un movimiento y otro se integraban y no lo notaba, pero al tumbarme parece que estoy en una montaña rusa, las cosas tienen que cambiar, no puedo seguir así, por lo menos tengo dinero y podré comprar algo de tabaco para llevarle a V a prisión, todo se mueve, joder, esto no puede seguir así, esto tiene que cambiar.

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