Los Flying Congrios

Publicación de relatos y poemas

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Lugar: Cádiz, Andalucía/Cádiz, Spain

Pescador de Congríos nacido en la antigua Mileto en el año 2000 de la era de John Lennon.

domingo, 16 de agosto de 2009

JODIDO COMO UNA PUTA EN EL TRABAJO 4/4

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Ya estaban algo borrachos. Jack y Johny pidieron otra cerveza. Rusty pidió un cubata de whisky con coca-cola y otro de ron que puso delante de Jack y Johny para que fueran bebiendo.

-Yo paso, tío, que tengo que coger el coche –dijo Johny.
-Aunque, bueno, si veo que me paso me quedo dormido un rato en el local antes de irme.
-Claro –dijo Jack. Los dos se bebieron el ron.

Por el bar estaba rondando un tipo de unos 40 años con melena que parecía medio hippie. Llevaba un montón de pendientes, carteras, pulseras y algo más de artesanía que iba enseñando para ver si le compraban algo. Una chavala jovencita que parecía muy pasada estaba con él. Miraba las cosas muy interesada. Rusty se pidió otro whisky con cola. Jack se pidió un ron y le preguntó a Johny qué quería.

-Un JB con cola, que no me gusta salir una noche y no beberme un whisky –le respondió éste.
-Por cierto, que me estoy cagando, Jack, estoy reventao, no puedo ni andar.
-Pues ve al váter y caga. Yo también estoy destrozao, la verdad.
-Voy a ir a ver cómo está el servicio.
Instantes después Johny volvió diciendo que en ese WC era imposible defecar.
Johny y Jack estaban medio tirados en una especie de sofá elevado que había frente a la barra pegado a una pared. Rusty estaba en un taburete junto a ellos. Tenían los abrigos encima de una maquina de tabaco. Los tres miraban a un par de chavalas jóvenes mientras se bebían sus cubatas y hablaban. Las chicas no les parecían gran cosa. Ya estaban bastante borrachos y se tambaleaban medio bailando y decían cosas raras.
-Pues, tío, Jack, yo estoy fatal, yo creo que me voy a morir dentro de nada.
-Qué va, Rusty, tú seguro que duras un montón.
-Yo no lo veo tan claro. Además, yo no descarto tener el SIDA, en el último año me he follado a bastantes pibas sin condón, y algunas eran chungas.
-Bueno, esperemos que no, que… –mientras Jack decía esto, dos tipos que beligeraban a unos metros chocaron contra él. Los tres amigos abandonaron la conversación y se pusieron alerta mirando la pelea. Más bien la agresión.
-¡¡¿Qué, ahora no tienes cojones de decirme nada en la calle, no?!! –dijo visiblemente cabreado un tipo bajito con pinta de barriobajero.
-Da igual –le respondió el hombre al que se lo decía. Era bajito, gordito pero no mucho y fuertecito. Llevaba la cabeza afeitada.
-¡Venga, maricón, dímelo ahora en la calle, fuera del Macdonal! –le volvió a gritar el joven macarra. Era rubio, con los ojos azules y tenía la piel muy morena. Llevaba barba de 4 días y chillaba cada vez más fuerte.
-Quillo, déjalo –le dijo un tipo que estaba con el increpado y que parecía tener confianza también con el de los ojos azules. Éste era algo más alto que ambos.
-Es que este es un maricón, tírame palante, cojones –respondió el rubio barriobajero empujando a su víctima.

El tipo algo más alto lo apartó diciendo:
-Déjalo ya.

Pero al final el pacificador se cansó, dio por perdido el asunto y se desentendió del tema. El chaval bajito volvió a la carga. Se acercó al hombre con la cabeza afeitada, juntó su frente con la suya y le dijo:
-¡¿Qué, qué?!

Después le dio un cabezazo sin demasiada fuerza y se fue del pub. Iba maldiciendo y haciendo aspavientos. Pero se fue contento. Parecía contento.
Cuando todo el conflicto había pasado, Rusty, que conocía al pacificador, le preguntó que qué había pasado.

-Pues que trabajaban juntos en el McDonald´s y éste, que es encargado, le dijo al jefe que el pintamonas que se acaba de ir había salido en horas de trabajo con el uniforme y todo y se había fumado un porro.
-Ahh, claro, y éste se enteró y le ha liado el taco.
-Claro.
-Pues yo no me hubiera callado, porque el nota ese no tiene ni media guantá –dijo Rusty mientras se bebía de un trago el whisky que le quedaba.
-Ya, si éste lo sabe y no le tiene miedo, pero le da igual, prefiere evitar el conflicto.
-Sí, tío –intervino el encargado del McDonald´s–, a mí no me da miedo. Yo le he dicho lo que hay. Si él se quiere fumar un porro que se lo fume, pero si yo tengo que decirlo lo diré. Y en cuanto a lo de hoy porque tampoco me ha hecho nada, si no me tendré que defender. Pero si con esto se ha ido con el orgullo hinchado y me va a dejar en paz, merece la pena callarme y no preocuparme nunca más de este niñato.
-Bueno –contestó Rusty dubitativo. Después se acercó a la barra y pidió otra ronda de whiskys. Jack y Johny lo recibieron con los brazos abiertos.
-¡Qué arte, tío! –le dijo éste último cuando vio que traía 3 cubatas.

Se acabaron con rapidez la copa anterior.

-Pues es probable que sea millonario, a ver si me ha tocado la lotería que compré. Si me ha tocado ya te invitaré yo a un Jack Daniel´s. Ufffff, qué ganas de cagar, y qué digestión más pesada –comentó Johny.
Jack le respondió:

-Ufff, yo también tengo la barriga…
-Yo es que me estoy cagando, no sé cuánto tiempo más podré aguantar.
-Hay que ver, Johny, tú serás de Capital City, muy gracioso, pero no nos presentas a pibas ni nada –le dijo Rusty.
-Jajá, tú qué te crees que yo soy Zack Morris o algo.

Estuvieron tambaleándose un rato más por el bar y cuando vieron que ya no había nada que hacer decidieron cambiar de lugar.

-Aquí ya está todo el pescao vendío, ¿no? –dijo Jack.
-Sí, ya es hora de irse de aquí –le contestó Johny.
-Pues vámonos –dijo Rusty, y se fueron.

Ya casi no llovía. Bajaron por la calle principal.

-¿Vamos al Rinconcito? –dijo Rusty.
-Yo por mí voy, además me estoy cagando –respondió Johny.
-Yo al Rinconcito me niego a ir –contestó Jack– si vosotros vais yo me voy a mi casa.
-No se está mal, hay algunas angangas que están tela de bien –dijo Rusty.
-Yo no voy, ya lo he dicho. En todo caso iría al Odeón, que allí ponen musiquita guapa. Ese sitio te puede gustar, Johny.
-Pero eso ya está más que cerrado –dijo Rusty.
-Bueno, a mi me da igual, pero no me quiero ir para mi casa ahora, que como me paren me quitan el carné –comentó Johny.
-Pues vámonos para el local –dijo Jack.
-¿Estarán Paul y Jenny, Rusty?
-Puede ser. Cuando se quedan cierran la puerta.
-Y cómo –le preguntó Jack– si no hay pestillo.
-Pues no lo sé, la atrancan de alguna manera.
-Yo me estoy cagando –dijo Johny–. ¿Allí en el local hay papel?
-Sí, lo que no hay es váter.
-Bueno, a ver qué hago.

Llegaron al local.

-Voy a meter la llave. Esperemos que se abra –dijo Jack.

La puerta se abrió sin problema. Entraron.

-Pues estos no están aquí –dijo Rusty. A continuación se echaron en los sofás. Se acomodaron como pudieron. Rusty se hizo un porro.
-Pon alguna película, ¿no? –dijo Johny.
-Bueno, pero la tele se ve un poco rara, así como verde –respondió Jack.
-Voy a ver qué hay en el disco duro este. ¡El Ataque de los Tomates Asesinos!, esto es un clásico de la Serie B.
-No sé…, vamos a verla.

Rusty y Johny se fumaron el petardo viendo el principio de la película.
-Puff, esto es malísimo –dijo el DJ.
-Es increíble lo de los tomates, cómo persiguen a la gente. O cómo los atan a un hilo para moverlos. Qué descaro.

La película terminó y pusieron Gomorra, una película sobre la camorra napolitana.
-Tíos, me estoy cagando, yo ya no puedo aguantar más. Hay papel o algo por ahí?
-Voy a buscar –dijo Jack.
-Mira ahí arriba que creo que hay –comentó Rusty.

Jack encontró abundante papel del que ponen en los servicios de los bares para lavarse las manos. Se lo extendió a su amigo.

-Toma.
-¿Y aquí cómo que no hay un servicio? –les preguntó Johny.
-Lo que había antes era una palangana grande que había que vaciar de cuando en cuando, pero para cagar no era. Creo que aún está por ahí.
-Pues bueno, voy a salir a la calle y cago por cualquier lado, en una esquina detrás de un coche o algo.
-Mira, yo te aconsejo en la puerta de la compañía de electricidad, ahí detrás, que hay una metida en un muro alto. Ahí estas resguardaito, creo yo.

Johny salió del local con el papel en la mano y se acercó a la entrada de la compañía de electricidad. Estaba a unos 25 metros. Cuando llegó, miro a su alrededor y no vio a nadie. Lo único que no le gustó demasiado es que a unos 90 metros había un bloque de pisos bastante alto y ancho desde el que alguien le podía ver. En los tiempos que corrían no era raro que pudiera verse cagando en YouTube en un par de días. De todos modos empezó a cagar. Si esperaba un poco más le podían reventar los intestinos. Se agachó en la esquina, junto a la puerta y empezó a cagar en cuclillas. Mientras lo hacía, miraba hacia la zona donde estaban los pisos por si venía alguien. Cuando ya había echado casi todo, vio que a unos 50 metros se acercaba un tipo joven borracho. Se levantó y, dejando atrás el montón de mierda que acababa de expulsar, se dirigió hacia el local. Andando con el pantalón a medio subir fue limpiándose el culo con el papel que le había proporcionado su amigo. Después lo iba tirando el suelo. Estuvo así hasta que estaba a 3 o 4 metros del local. Entró y les contó a los otros toda la película.

-Tíos, ya he cagado casi todo, pero he tenido que levantarme porque venía un nota a lo lejos.
-Pero te ha visto?
-No, no, además, al final cuando estaba cerca, torció al lado contrario. Y no veas la que he liado por el camino. He venido limpiándome el culo andando mientras venía hasta aquí. He tirado las últimas servilletas aquí al lao.
-Ya nos vas a enmarronar el sitio, que los vecinos saben que somos nosotros y después nos dicen cosas. Vienes un día y la que armas –protestó Jack.
-Bueno, yo me voy –dijo Rusty.
-Venga, tío, a ver si otro día salimos por Capital City –se despidió Johny.
-Claro, a ver si Jack me lleva por allí, o a ver si salimos bien un diíta por aquí y vamos a la Sala Escorpio. Lo que pasa es que hay que ir arreglado, con camisa y zapatos –le contestó Rusty.
-Ciao.
-Nos vemos.
-¿Y nosotros qué, Johny? ¿Tú cuándo te vas a ir?
-Yo prefiero esperar un poquito más a que se me pase el efecto del alcohol.
-Jack, para la película que voy a salir un momento a mear.

Johny salió y se acercó a la esquina que hacía un rato había usado de váter. Cuando llegó se desabrochó el pantalón con intención de orinar unos metros más a la derecha, pero alzó la vista y vio su flamante zurullo. Encima tenía un caracol que lo había babeado entero y parecía estar alimentándose de él. Sacó su miembro y le meó encima. El caracol cayó a un lado con muy mala cara. Después se abrochó el pantalón y volvió al local.
Los dos amigos siguieron viendo Gomorra.

-Pues, tío, la película así pierde mucho, porque el doblaje es chungo, yo la ví allí en versión original, que no es ni italiano, es un dialecto, y estaba to chula –dijo Jack.
-Hombre, la voz del nota es graciosa. No lo veo un doblaje malo.
-Bueno no es.
-Pero los chavales son los típicos anganguillos de aquí, ¿eh?
-Ahhhm, sí, sí –dijo Jack bostezando. Pasados unos minutos estaba dormido. Johny lo miró y se acomodó como pudo en el sofá. Tumbado medio doblado, clavándose un trozo de madera, intentó dormirse. Poco después lo había conseguido y, mientras fuera empezaba a brillar el sol y los madrugadores y los trasnochadores comían churros en el bar de al lado, él dormía hincándose un palo en la espalda y asegurándose un dolor de cuello para el día siguiente.

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3 comentarios:

Blogger LaYa_RuBoR ha dicho...

Me encanta el detalle de Zack Morris jajajajja

18 de agosto de 2009, 2:56  
Blogger Amanteceres ha dicho...

UN BUEN MASAJE VA A NECESITAR,JAJAJA.

UN BESIN.

18 de agosto de 2009, 22:10  
Blogger мαyяoрolis ha dicho...

sólo dolor de cuello? mmm
un masaje! jajaja
coincido con el comentario anterior

grax x seguir mi blog :)
nos andamos posteando
saludos!

19 de agosto de 2009, 18:02  

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