Los Flying Congrios

Publicación de relatos y poemas

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Lugar: Cádiz, Andalucía/Cádiz, Spain

Pescador de Congríos nacido en la antigua Mileto en el año 2000 de la era de John Lennon.

lunes, 8 de diciembre de 2008

ESPERANDO AL SOL

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En el momento en el que aquella mujer me confirmó que el conflictivo Shack no se encontraba en aquel hostal, todos los interrogantes que podáis imaginar me asaltaron a la vez. Enterarme de que la persona con la que había estado compartiendo tantos momentos en los últimos días había huido, hizo, que de repente, se me nublara la vista, que de golpe, todo lo que observaba se tambaleara ante mí. Pero lo peor no era eso, lo peor era saber que todo el mundo que me decía que no podía confiar en Shaky tenía razón.
Teniendo en cuenta el historial de mi amigo, no me extrañó que hubiera desaparecido sin avisar, pero yo pensaba que esta vez iba a ser diferente, que había vuelto renovado.
Pensando todavía que quizás todos se equivocaban y había alguna razón por la cual mi compinche había desaparecido, agarré una botella de whisky y tomé una tras otra varias copas de la citada bebida, intentando sumergirme en una turbia noche que me llevara sin pensarlo a encontrar la solución.
Mientras bebía, en ningún momento pude quitarme aquello de la cabeza, aunque fue pasando de estar en un primer plano a verse como una hormiga desde el cielo.
De todos modos, la bebida no sólo no me ayudó a razonar con la claridad suficiente, sino que además sacó a flote toda la frustración y la rabia que tenía encerrada dentro de mí, haciendo así que toda la porquería que llevaba dentro se esparciera a mi alrededor.
La casa empezaba a moverse, por lo que decidí que debía salir a dar una vuelta o acabaría devorado por una vorágine de miedo y destrucción.
Sin saber cómo llegué a ese bar, ni lo que decía o hacía, empecé una melancólica, pero animada y excitante conversación con la chica que se encontraba a mi lado. Con ella hablé de mis aventuras y mis fracasos, y cómo no, del profundo shock que la desaparición de un amigo me había producido.
Le comenté algo que dije por decir -era una idea que sólo borracho se me habría ocurrido pensar y mencionar-, realizar la búsqueda de mi compañero Shaky, “El Alacrán” para los amigos.
Al pronunciar ese nombre, la mujer, que era sin duda una de las muchas por cuyos amores los marineros apuestan parte de su fortuna, se estremeció.
Su reacción la delató, y antes de que se borrara de sus ojos la sorpresa que le produjo oír ese nombre, le pedí que me llevara hasta donde se hallaba mi amigo.
Durante todo el camino, la tensión entre aquella mujer y yo era tan densa que se podía cortar con cuchillo y tenedor. Pero pese a eso, seguí el camino sin titubear entre la espesa niebla que esa oscura noche inundaba el cielo de nuestra ciudad.
Ella dijo que el lugar hacia el que íbamos no se encontraba demasiado lejos, pero a mí me pareció que el camino que recorrimos aquella noche en busca de nuestro destino fue increíblemente largo.
Quizás todo fuera a causa de lo mal que lo estaba pasando mientras pensaba que Shaky ya no se encontraba en la ciudad, o algo aún peor, que estaba detenido en alguna comisaría cercana o tirado medio muerto en cualquier esquina. Aunque eso ya me parecía más raro, éste siempre caía de pie.
De repente, mientras me encontraba inmerso en un mar de emociones contradictorias y confusas, una pareja de Policías que iba a bordo de un monovolumen nos hizo señas para que parásemos.
En esos momentos, el tiempo pasó para mí un poco más lento todavía, aunque, a priori, tampoco había nada que debiera esconder ni nada que me pudiera perjudicar, ¡Coño, sí!, ¡estaba borracho como una cuba!
Cuando paramos, los agentes nos dijeron que apagásemos el coche y bajáramos:

-Buenas noches –nos dijo un agente.
-Saben que con esta visibilidad es obligatorio llevar al menos las luces de posición y las de corto alcance –dijo su compañero.
-Es cierto, señor agente, a partir de ahora las pondré, no sé cómo se me ha podido pasar –le dije disimulando la borrachera mientras intentaba mantener la mayor compostura posible.

En ese momento, en la radio de la policía sonó una voz avisando de lo que parecía ser una emergencia, el locutor hablaba bastante rápido y a un volumen fuerte.

-Bueno, señores, pues por esta vez no se les va a multar, pero enciendan las luces pertinentes y sigan su camino.
-Ok, de acuerdo, gracias y pasen buena noche –dije yo algo nervioso y liberado aunque sin delatarme, jajajajaa, sólo me faltó resoplar.

Tras este pequeño incidente, mi acompañante y yo seguimos en busca de mi amigo desaparecido.
Por el camino me evadí del mundo y me puse a pensar
; no me podía creer lo que estaba pasando, si hacía tan sólo unas semanas me hubieran dicho que iba a vivir lo que me estaba ocurriendo ahora, no lo creería. Nunca habría podido pensar que a día de hoy, iría acompañado de una mujer como ésta en busca de un hombre como Shack, pero así era, y no podía hacer otra cosa más que seguir adelante.
Después de ese breve pero intenso lapso mental, la chica que me acompañaba gritó con brusquedad:

-¡Para!, ¡Es por ahí!

Como pude, instintivamente, di un volantazo y giré con violencia hacia el lado indicado. Como consecuencia, el coche hizo un espectacular derrape que nos introdujo por un estrecho callejón de un viejo barrio marinero.
Todo cuanto veía a mi alrededor era angosto y antiguo. Las puertas de las viejas casas estaban podridas a causa de la humedad y el salitre; no parecía haber hierro que no estuviera oxidado.
Las pocas personas a las que vi tenían un aspecto sombrío, estaban ajadas y medio encorvadas; las escenas que captó mi retina parecían sacadas de una película de terror.
Tras dos o tres minutos, llegamos a un muelle antiguo muy iluminado. Nunca había visto aquel lugar antes, debía ser una parte del puerto que, no sé por qué razones, había dejado de utilizarse.
Después de parar el vehículo y bajarnos de él, me estiré un poco para desengarrotar mis músculos y recuperar la movilidad óptima de mis articulaciones. Mientras tomaba aire y me preparaba para afrontar los peligros que podía encontrar durante la búsqueda de Shaky, mi acompañante, que casi no había hablado durante el camino, me dijo:

-¿Ves ese antiguo almacén?, ahí estaba encerrado tú amigo.
-¡Vamos! ¿A qué esperamos? –le dije.
-No –me respondió serena-, creo que es mejor que no vayas.
-¿Por qué?, ¿pero qué dices?, ¿estás loca? –le grité yo encolerizado.
-No, hazme caso, déjame ir sola hasta donde se encuentra Shack -dijo apartándome con el brazo-. La gente con la que está nos matará a ti, a mí y a él como sepan que alguien más sabe lo que está pasando. Déjame ir a mí, y si la cosa está calmada, volveré y pronto nos podremos reunir con tu amigo.

Un poco más calmado, le indiqué mediante gestos con mi mano que fuera ella Sola, que yo la esperaba junto al coche. En cuanto ella entró en el almacén, la seguí hasta un pasillo que había en la entrada, escuché jaleo y entré rápidamente.
Cuando llegué al interior de la amplia nave, ella y mi amigo estaban siendo metidos por varios tipos en una furgoneta a punta de pistola.
No había tenido ni tiempo para reaccionar, cuando ví que la furgoneta arrancaba bruscamente y salía a toda velocidad del almacén. Salí corriendo hacía mi coche mientras escuchaba disparos, pero al llegar vi que dos neumáticos estaban vacíos y la luna delantera rota. Entonces, con una sonrisa amarga y el gesto torcido, encendí un cigarro y me quedé apoyado contra la puerta de mi coche, allí estaba, un día más, Esperando al Sol.

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