Los Flying Congrios

Publicación de relatos y poemas

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Lugar: Cádiz, Andalucía/Cádiz, Spain

Pescador de Congríos nacido en la antigua Mileto en el año 2000 de la era de John Lennon.

miércoles, 24 de febrero de 2010

LA IGLESIA DE LOS ÍDOLOS CAÍDOS

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Todo apuntaba a que los temblores que sentía por las mañanas hasta que no me tomaba la primera cerveza o un lingotazo no iban a ser algo pasajero, y parecía que ni siquiera era lo peor que aún estaba por venir.
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..-Neeceesitoo unaa cerveza –me dije débilmente a mí mismo mientras mi cuerpo se agitaba y los pocos dientes que todavía tenía traqueteaban sin parar.
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..Era bastante pronto aún y lo único que había abierto era el supermercado del delincuente que estaba junto al viejo edificio de correos que usaba ahora para vivir entre cartones. En la puerta abordé a una pareja que salía del establecimiento:
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..-¿Teneéis algo para un bocadillo?
..-Sibuurg –me dijo la mujer. Era mi hermana y ni la había reconocido–. ¿Qué haces así? Tienes que cambiar, esto no es vida, un día te pasas por casa que te quiero ayudar, hermano. Si te viera mamá…
..-Síí –le dije sin ninguna intención y todavía más jodido psicológicamente, si eso era posible.
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..Esa mujer, que, a pesar de todo, era sangre de mi sangre, me dio 5 dólares y se despidió con un beso. En el fondo, ella, al igual que todos, sabía que el dinero que pedía era en realidad para beber o para algo aún peor, un chute de caballo, o lo que se llevaba más entre los enganchaos de la época, un “rebujao”, papelinas de cocaína y jaco.
..Compré mis cervezas y me las bebí tirado entre mis cartones pensando en abandonarme a la muerte. Después de los últimos acontecimientos había perdido ya toda ilusión por vivir, como un artista con principios que acaba saliendo en los 40 principales. Estaba jodido, bien jodido, además de la hipersensibilidad que siempre había tenido, la vida que estaba llevando era una mierda, UNA JODIDA MIERDA. Tendido en el suelo, hundido en la desesperación y con unos dolores estomacales de los que me iba a liberar con la inexistencia, de repente, la llegada de una sombra maloliente me hizo reaccionar. Era Vincent.
..Vincent era uno de los vagabundos con los que había compartido algunos de mis años en la calle. Hubo una época en la que no muy lejos de allí, en una nave abandonada, dormíamos juntos y pasábamos las tardes bebiendo y fantaseando ser artistas famosos: cantábamos alegres melodías, pintábamos cuadros, ideábamos piezas teatrales. Así pasaron cerca de dos años. Fueron los mejores tiempos que he pasado en el arroyo. En esos días aún éramos jóvenes atractivos, siempre ingeniosos, que todavía podíamos dar sablazos con facilidad y siempre encontrábamos algunas mujeres jóvenes a la deriva con las que practicar sexo y fumar, beber y consumir anfetaminas o cocaína. Aún recuerdo el día que vi a un colibrí con la cabeza de mi padre volando por allí tras haberme comido unas pastillas lilas que me dieron unos hippies decadentes a los que acogimos en nuestro alojamiento. Mientras por mi cabeza pasaba todo esto el recién llegado hablaba sin que yo, absorto en mí mismo, le hiciera caso.
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..-La iglesia de los ídolos caídos –decía mi antiguo compañero con voz distante como si estuviera lobotomizado.
..-¡¡La iglesia de los ídolos caídos!! –exclamaba a continuación como si fuera un predicador.
..-¿Qué… –le pregunté cuando volví en mí.
..-La iglesia de los ídolos caídos.
..-¡¡La iglesia de los ídolos caídos!! –seguía repitiendo el otro vagabundo.
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..Entonces mi mirada se perdió y se empezó a dirigir hacia ningún lugar.
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..-Sibuurg –me dijo de pronto Vincent con su voz de muerto en vida.
..-¡¡Siburg, ven conmigo a conocer nuestro templo!! –continuó después cambiando de forma inquietante el registro a su tono de arenga.
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..Tras unos segundos en estado de trance empezó a andar.
..Supongo que en circunstancias normales hubiera pensado que mi viejo amigo estaba sufriendo un delirio provocado por el alcohol y las drogas o por los trastornos psiquiátricos que le estaban afectando últimamente y le habían alejado totalmente de la realidad. O por ambas cosas. Pero en vez de ignorarle lo seguí sin planteármelo siquiera.
..Cuando llevábamos unos veinte minutos andando se paró ante una vieja casa con un techo bajo de hierro y las paredes muy desconchadas.
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..-Pasa –me dijo muy solemne y entramos.
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..El sitio no estaba demasiado sucio y, a pesar de tener algo de polvo, destilaba cierta grandeza.
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..-Esta es mi iglesia –me aclaro Vincent mostrándome con un movimiento de brazo una sala bastante grande. En ella, figuras de cartón piedra de John Lennon, Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Gram Parsoms, Jim Morrison, Bukowski, Marco Pantani, Rubén Darío y Van Gogh ocupaban un sitio preferente junto a un altar que debía haber construido con materiales recogidos en el ya olvidado cementerio de pescadores que había junto a su templo. El resto de fieles eran 4 o 5 gatos bastante delgados y un perro cojo y con alguna calva que estaba tirando sobre viejos cojines despeluchados. La escena la completaban dos yonquis con una edad que andaba mediada la treintena y en un estado de degradación tal que parecían haber perdido ya toda humanidad. Estaban en una habitación pegada y que en otro tiempo debía haber sido una cocina, allí había varias decenas de cajas de cartón que contenían botellas de algún tipo de vino.
..-Siburg, ya ha llegado mi hora –me dijo entonces Vincent mientras se ponía una tela por encima–, al igual que otros muchos he de sacrificarme por los míos y así lo haré. Desde este momento tú debes dirigir mi iglesia, para ello te dejo el vino que hay ahí y pronto llegará la carne que deberás usar junto a él para las ceremonias.
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..El peculiar párroco empezó una sobrecogedora liturgia en la que todos los demás miembros presentes también participaron. Él mismo les daba voz a todas las figuras de cartón con un increíble mimetismo tanto en el timbre como en la esencia de sus palabras. Tras tomar el vino con un cáliz se sentó en una especie de trono de madera tallada y empezó a quedarse dormido.
..Pronto todo había acabado y, ante mi mirada perpleja, los dos yonquis, como si de dos máquinas zombis se tratasen, empezaron a cortar su carne en trozos y a ponerla a secar tras rociarla con algo de sal. Ahora, tirar de esa iglesia era mi responsabilidad. ..Por lo menos no me faltaría el vino.
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1 comentarios:

Blogger Claudia ha dicho...

FRA:CO: me encantó tu relato!te voy a seguir!

4 de marzo de 2010, 12:09  

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